Con un descarnado análisis de la derrota, sin disfrazarla de triunfo moral y asumiendo los yerros como única manera de salir adelante, la Dirigenta de la falange Myriam Verdugo, analiza el escenario actual y futuro de su partido.

“Me gustaría que en la Democracia Cristiana siguiéramos todos, pero si esto no es posible porque hay camaradas que se sienten lejanos de las definiciones tomadas, no hay nada que hacer”, dice en relación con Mariana Aylwin.

La actual timonel de la Democracia Cristiana, Myriam Verdugo, está consciente de dirigir el periodo más álgido de su colectividad, pero está esperanzada de no ser quien ponga el candado por fuera. Ex dirigenta del Colegio de Periodistas, magister en Comunicaciones y cónyuge del fallecido líder sindical Manuel Bustos, estima que “una coalición es concebible sólo si cada una de sus partes son partidos con identidad, fuertes, unidos y disciplinados”.

“La Democracia Cristiana (…) será un partido de oposición. Esto de forma clara y categórica, pero sin lugar a dudas el obstruccionismo no puede ser un camino”, asegura.

-Sin duda le ha tocado dirigir a la falange en uno de los momentos más duros que la DC ha debido enfrentar. ¿Cómo se siente, cree que podrá sacar adelante la pega?

-La DC tiene 60 años de historia, en ese tiempo se ha conocido la gloria y la derrota; la coherencia y la incoherencia. La pasión que obnubila a la razón, la partición, las pérdidas. No sé si es el momento más duro, pero claramente la crisis que estamos viviendo está marcada, primero por la intolerancia, luego el desafecto, la falta de respeto y, por supuesto, la derrota electoral en lo presidencial y parlamentario.

¿Cómo me siento? Mal, con pena, pero movida con el sentido de responsabilidad que a los seis que quedamos en esta mesa nos mueve. La DC no es un club de amigos; es un partido político, regido por ley y por ello nuestra labor en las semanas que vienen es, no sólo adelantar las elecciones internas, sino dar inicio a un proceso de análisis y revisión de lo obrado; de por qué estamos como estamos, de reiniciar nuestro estado de congreso, convocado en el primer período de Walker, y de dar paso a una renovación estatutaria que dé cuenta del partido que de verdad tenemos. Pero tiene que ser un análisis descarnado, duro, doloroso, en el que estemos dispuestos a ver lo que somos y no lo que queremos ver.

-La imagen tras las elecciones es que la DC fue una de las grandes derrotadas. Sin embargo, a pesar de que en su oferta presidencial bajó sustancialmente, eso no pasó en la votación de senadores y diputados, donde a lo menos  la mantuvieron, cercana al 14%, aunque bajaron en el número de parlamentarios.  ¿No entendieron cómo operaba el nuevo sistema electoral? ¿Qué pasó?

-Fuimos derrotados en ambas instancias: presidencial y parlamentaria. No hay que engañarse. Al inicio de la democracia teníamos más de 30 diputados, presidente y una pléyade de ministros y subsecretarios. Colaboramos en construir un nuevo Chile, pero no leímos, no vimos, no sentimos, no vivimos lo obrado. Nos quedamos encasquetados en las instancias de poder; en salones cálidos y gratos, y nos desconectamos de la base partidaria y la de gente. Fuimos constante y categóricamente perdiendo votos. Muchos de nuestros militantes se fueron para la casa y no han retornado.

Bajamos nuestra bancada, bajamos en votos y eso no es sólo ingeniería electoral. El ciudadano nos envió mensajes desde hace años. No quería lo mismo, quería renovación, contacto con sus realidades y necesidades.

-El Frente Amplio y su candidata no fueron capaces de superar porcentualmente lo que logró ME-O en 2009. Sin embargo desde la Nueva Mayoría y la candidatura de Guillier les hicieron guiños. ¿Se equivocó la estrategia de la candidatura progresista y espantó al centro político?

-Sí, lo hubo evidentemente y así lo reconoció el propio candidato, pero en este escenario, lo más relevante fue que hubo un trabajo profesional y analítico de la derecha. Leyó las esperanzas, las frustraciones, las rabias y los miedos de las personas y diseñó una estrategia eficiente.

No olvidemos que el 20 de noviembre se hablaba de un giro a la izquierda, que la gente quería más y mejores reformas, que el resultado hablaba de un fortalecimiento de una izquierda que corría el cerco y menos de un mes después hablamos de un giro a la derecha. ¿Es eso posible? Evidentemente no. Por eso creo que debemos dejar decantar el resultado. Las variables son muchas, tanto cuantitativa como cualitativamente, y eso es lo que queremos despejar en la DC.

La mesa solicitó a un grupo de militantes, conocidos y reconocidos que, a la luz de los resultados, de lo obrado, sean capaces de avanzar en una explicación inteligente y sólida de lo sucedido. Más que hablar de los yerros de otros prefiero buscar respuestas en nuestra triste realidad actual.

-¿Qué tantos democratacristianos votaron por Piñera, estima usted?

-Ni idea, espero que sean los mínimos, porque si hay DC que votaron por la derecha, es que nunca fueron democratacristianos de verdad. Nuestra historia y nuestros líderes señeros nos interpelan desde un partido que nació para cambiar la sociedad. Ayer, para la reforma agraria, para nacionalizar el cobre, para organizar a la gente y que participara. Nosotros nacimos como un partido movido por la responsabilidad social como la veían la visionaria Gabriela Mistral y el gran Alberto Hurtado, el mismo al  que cuando estaba vivo muchos tildaron de comunista y hoy reverencian como santo. Hoy los retos y desafíos hablan de un mundo en el que se haga política desde la responsabilidad y la solidaridad generacional, desde el cuidado del medio ambiente, del respeto a la diferencia.

-Qué es el centro político, el nicho que achacan por excelencia de la DC. Hay quienes auguran que ya no existe. ¿Qué opina?

-Primero, me gustaría que alguien me definiera con precisión qué es el centro político para desde allí crear e instalar respuestas. Como no veo a nadie haciendo esa definición lo que debo hacer es explorar esa respuesta. ¿Centro político es lo mismo que clase media? ¿es la media equidistante entre la izquierda y la derecha? ¿es una capacidad de decidir, en momentos específicos, hacia uno u otro sector?

A mi juicio hemos venido haciendo política con la voluntad, con el tincómetro, pero no con la razón, con el análisis, con el estudio. ¿Quién es más de centro, el profesional médico, la señora digna que cada día se levanta a las cinco de la mañana a preparar los sándwiches para venderlos en la entrada del metro, la profesora, el dueño de la pequeña empresa, el académico, el dueño del minimarket de la esquina? Necesito tener definiciones y la DC por años se ha negado a esta discusión, tanto en lo doctrinario, como lo programático y lo estructural.

-En pocas palabras,¿cuáles son para usted las razones fundamentales que justifican la derrota del 17 de diciembre?

-Un gobierno marcado desde sus inicios por la palabra “retroexcavadora”, proyectos de ley mal diseñados técnicamente (pese a avances claros, como el término del binominal, gratuidad en la educación, despenalización del aborto  en tres causales específicas, la política de energía sustentable); una coalición de gobierno que nunca fue tal; el caso Caval y la decisión de una élite política de no dar cabida a nuevos actores en la política nacional.

-Pensemos en el futuro. ¿Existirá una sola oposición al gobierno de Piñera? ¿O también irán separados el Frente Amplio, la DC y una especie de UP 2.0?

-No lo sé. A mi juicio eso dependerá de los procesos que los partidos que conformaron la Nueva Mayoría sean capaces de llevar adelante y de la capacidad del Frente Amplio de dialogar.

La DC, al menos, debería iniciar un proceso de renovación interna. Revisar sus pilares, aggiornar sus planteamientos, asumir los nuevos temas de una sociedad distinta y que cambia de forma permanente y rápida. El resto de los partidos también resultaron golpeados, también -creo yo-, deberían hacer procesos internos. Una vez que haya claridad veamos con quiénes somos capaces de hacer alianzas, ya que los proyectos únicos no tienen manera de hacerse del poder. La idea de una coalición es concebible sólo si cada una de sus partes son partidos con identidad, fuertes, unidos y disciplinados.

Respecto a la UP 2.0, sólo decir que los procesos históricos fueron y que lo que pueda formarse en adelante no tiene que ser necesariamente lo mismo; además, la UP fue un proceso lleno de esperanza, pero también de errores brutales y que terminó en drama. Ese concepto reflotado en la reciente campaña presidencial, a mi juicio, se enmarca en la política de infundir miedo injustificado, porque la sociedad del Chile de hoy no tiene espacio para una izquierda verde oliva, sino para una moderna que responde a un Chile distinto.

-¿Qué rol, según usted, debería asumir la Democracia Cristiana en el futuro periodo? ¿Oposición a secas, oposición en la medida de lo posible o derechamente cooperación al gobierno de derecha?

-La Democracia Cristiana, en su consejo nacional, expresó que será un partido de oposición. Esto de forma clara y categórica, pero sin lugar a dudas el obstruccionismo no puede ser un camino.

-Más allá que sea el Tribunal de Disciplina el que resuelva el caso de Mariana Aylwin y algunos personeros que se identifican con una fracción al interior de su partido,  ¿debiera renunciar, ser expulsada o mantenerse al interior del PDC?

-A todos nos duele el partido de hoy. Reducido, fraccionado, con proyectos personales más que colectivos. Duele que éramos 110 mil militantes y hoy sólo 24 mil, y harto que costó llegar a esa cifra. Duelen las renuncias. Duelen las polémicas mediáticas.

Duele y molesta que se pretenda influir mediante declaraciones y entrevistas y que no se busque ganar con ideas en el campo de la democracia interna. Me gustaría que en la DC siguiéramos todos, pero si esto no es posible porque hay camaradas que se sienten lejanos de las definiciones tomadas, no hay nada que hacer.

-¿Ve posible alguna aproximación a Chile Vamos o al gobierno que asumirá en marzo?

-Ninguna aproximación, somos de oposición, punto.

-¿Podría delinear, a su parecer, cuáles debieran ser los aliados naturales del PDC?

-Aquellos que creen en la democracia como sistema y que estén dispuestos a formar alianzas o coaliciones en un marco de respeto, de diálogo, algo que no hubo en la Nueva Mayoría y que se deterioró hace muchos, pero muchos años, en la Concertación. Recuerdo claramente a personeros concertacionistas, algo que ahora se añora tanto, haciendo oposición feroz a nuestros ex presidentes, especialmente a Frei Ruiz Tagle.

-¿Cree usted que el quiebre del partido es una posibilidad cierta o que serán capaces de superarlo y convivir entre matices que no siempre apuntan en el mismo sentido?

-La posibilidad de quiebre existe, pero espero que todos y todas seamos capaces de poner nuestro mejor empeño en que eso no pase. Veo como una oportunidad hacer el Sexto Congreso, que éste sea vinculante; hacer nuevos estatutos que reflejen lo que de verdad somos. Estos procesos deben ser de diálogo y de máxima participación, real y efectiva, no hacer como que participan las bases, pero que en lo real decidan los mismos de siempre. Un congreso sin cocina.

-Sé que es difícil responder, pero ¿en qué parada cree usted que estaría Manuel Bustos hoy?

-Difícil responder, por respeto a su memoria. Sólo recordar que poco antes de morir, sólo días antes, participó en una Junta Nacional y que comentó con dolor, en familia, que sentía que muchos de aquellos con los que siguió un camino se habían olvidado de los trabajadores. Murió con mucha pena, dolor y frustración.

-Myriam, ¿cómo será recordada usted en la Democracia Cristiana: la presidenta que puso el candado por fuera, la que derechizó al partido, la que continuará inserta en la centroizquierda  o la que le entregará nuevamente su identidad?

-Difícil responder. Debo decir que en abril o mayo de este año, en un consejo nacional, dije que me sentía como la sepulturera de la DC. Malas decisiones, peor ejecutadas, exacerbación de las diferencias, me hicieron formular esa expresión. Por supuesto nadie quiere ser recordada como quien puso la llave por fuera y, respecto de la derecha, sólo decir que jamás de los jamases esa podría ser mi opción. Me conformo con entregar el mando a una directiva que, en lo posible, sea capaz de llevar paz a nuestra tienda y que ejecute este proceso de reencuentro y de definiciones que permitan levantar una DC para el siglo XXI.

-Según el himno de la DC, la unidad es fraterna, alegre y juvenil. Hoy parece que esa fraternidad está menguada, y a nivel juvenil casi no tienen expresión en centros de alumnos secundarios o universitarios, a pesar que en su momento dirigieron casi todas las federaciones. Y menos se nota mucha alegría al interior del partido. ¿Saldrán adelante “heroicamente”, como dice la letra?

-Dios quiera,… pero como dice la sabiduría popular, “a Dios rogando y con el mazo dando”. Yo pondré todo mi esfuerzo, toda mi voluntad, toda mi convicción y todo mi entusiasmo en hacer esto posible.

-¿Cuál es, según usted, el rol en lo interno que cumplirá la DC en los próximos cuatro años?

-Partido de oposición, desde un proceso de rearme y reencuentro.

Por Mario López M… Cambio21

 

Comentarios

comentarios

bannerdatta